SOBRE LA CEREMONIA DE COLLARES
Los collares, elekes,
han sido siempre usados como “atributos” y como símbolo de identidad en toda el
África negra. En Cuba, el africano continuó con sus tradiciones, usándolos como
identificativos de su condición social y de la pertenencia al culto de un
Orisha en particular.
Como atributo mágico, el collar es una prolongación de la fuerza mística del Orisha que representa. Al estar los collares en contacto con nuestro cuerpo, se logra que la presencia de la deidad sea latente, y nos hace poseedores de su protección.
Pero, como a todos
los utensilios mágicos, también se le debe un respeto, es parte de la deidad y,
por tanto, al igual que prolonga su virtud, también implica ciertos tabúes.
Los collares carecen de sentido sin una ceremonia previa. Sin estar “bautizados” son meros adornos decorativos. Igualmente, para que sean válidos, sus cuentas deben haberse sido ensartadas por un Santero, y el hilo que las soporta debe ser de algodón, para que pueda absorber el umiero y la sangre de los sacrificios.
El color de los collares varía en función del color o colores relacionados con el Orisha al que corresponden. Por eso, el collar de Obatalá es blanco, el de Yemayá azul, el de Elegguá blanco y rojo, etc.
Pero también existen collares de diversos tipos aún perteneciendo a un mismo Orisha. Estos indican distintos caminos o avatares, es decir, determinadas etapas de la vida anterior del Orisha en cuestión; pactos, amores, derrotas, etc., y estos caminos, a su vez, se relacionan con determinados oddúns.
Normalmente, cuando se lleva un collar de un determinado avatar es por que coincide con el oddún que en ese momento nos han marcado. Es un reflejo de las circunstancias personales que en ese momento determinado estamos viviendo.
En África, un individuo recibe un solo collar de su divinidad protectora, como símbolo de pacto o matrimonio mágico, haciéndolos inseparables y dependientes entre sí.
En Cuba, sin embargo, se reciben varios collares, aunque sólo uno sea el del Orisha tutelar. Los primeros collares que se reciben suelen ser cuatro de una vez, y estos son de: Obatalá, Yemayá, Oshún y Shangó.
Las causas, para
que a una persona le sean impuestos los collares, siempre son atribuidas al
oráculo, y es el adivino quien marca esta ceremonia para el vencimiento de una
dificultad del devoto que hace la consulta. Aunque, a veces, es tradición dar
collares a los recién nacidos, sobre todos en aquellas familias donde
Los elekes no se deben tener enrollados entre sí, puesto que nos enredaría nuestros asuntos, y hemos de quitárnoslas siempre al dormir, ducharnos o tener relaciones sexuales. Estos tabúes tienen que seguirse estrictamente, porque de ello dependerá que conserven su virtud.
Yo quierooooo
ResponderEliminarYA CASIIII ESPERAAA
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